Fallingwater House Vs Guggenheim Museum

Durante estos días he podido visitar estas dos obras de uno de los grandes maestros, aunque de épocas y formalismo muy diferentes representan unas de las obras más emblemáticas del arquitecto y no les falta razón.

Con la Fallingwater House, Wright dio la oportunidad a los propietarios de vivir en la cascada en lugar de contemplarla solamente. La casa se construye respondiendo solo a dos premisas: buscar la relación con la naturaleza y complacer las necesidades funcionales del cliente.

Toda la casa está diseñada para que el hombre coexista con la naturaleza. Los techos extremadamente bajos para proyectar la mirada del habitante al exterior y generar el deseo de salir. Las terrazas y los porches para dar la posibilidad de vivir en el exterior. Los materiales utilizados, como la piedra del propio lugar, para construir las paredes de mampostería y los pavimentos. El color ocre utilizado para las terrazas de hormigón imitando una planta autóctona del lugar. Llega a ser tan acentuada la obsesión por Wright por vivir en la naturaleza que llega a introducir la cascada en el interior de la propia casa.

Se puede estudiar y definir la casa de la cascada de muchas maneras, pero yo me quedo con lo que dicen arquitecto y cliente:

Wright: “Yo solo quiero hacer una casa que haga la vida más fácil a las personas y que las obligue a vivir con la naturaleza.”

Sra. Kauffman: “Estaremos siempre agradecidos a Wright por habernos enseñado a vivir.”

El Museu Gunggenheim aunque de formalismo diferente responde a las dos mismas necesidades que la casa:  buscar la relación con la naturaleza y complacer las necesidades funcionales del cliente.

La relación con la naturaleza la consigue no solo introduciendo elementos vegetales y agua tanto en el exterior como en el patio sino mediante el ejercicio que hace con la luz. Todo el museo está iluminado con luz natural, desde la gran claraboia que cubre el patio central hasta la luz tangente que entra por la rampa para iluminar las obra.

Cumplir las necesidades del cliente fue lo que llevó a esta concepción original del museo en espiral. Wright decía que era mucho más cómodo y funcional subir en ascensor al último nivel e ir descendiendo lentamente por la rampa. Una vez acabada la exposición el usuario se encontraba en el patio central junto a la salida, en lugar de tener que atravesar galerías y galerías como en museos convencionales.

De este modo luz, espacio y recorrido forman una ecuación perfecta dando como resultado una potente imagen que responde a unas necesidades muy humildes.

Quizás el secreto para ser buen arquitecto sea hacer buena arquitectura olvidándose de intentar hacer obras maestras y haciendo una arquitectura que responda a las necesidades de los clientes en pro de hacerles una vida más cómoda.

Curiosidades:

Fallingwater House,

1. El encargo le llegó a Wright por un alumno suyo, el cual de toda la casa decidió el corcho como material de revestimiento para los baños.

2. Con un presupuesto original de 30.000$ que finalmente se convirtió 130.000$ y unos honorarios de 6.000$ Wright diseñó la totalidad de la casa y mobiliarios.

3. Una vez acabada la casa de la cascada, los clientes quedaron tan contentos y la casa gustó tanto que llegaron 400 encargos más a las oficinas de Wright.

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